El tiempo
Un día estaba cansado y me senté sobre una piedra a mitad del camino, al rato pasó trotando el tiempo y me saludó, minutos mas tarde pasó nuevamente frente a mí y volvió a saludar, así lo hizo por mas de media hora en repetidas oportunidades, hasta que me levanté de mi lugar y corrí tras él, al alcanzarle le pregunté ¿por qué me saludas tanto? Y él me respondió: “quería que te levantaras y trotaras conmigo, como te das cuenta, yo soy el tiempo y no me detengo por nadie, el hombre puede medir el tiempo, detenerlo jamás”.

Si te ha gustado, suscribete al autor
Comentarios Facebook:
